Bundesarchiv Bild 183-S33882, Adolf Hitler retouched

"Bundesarchiv Bild 183-S33882, Adolf Hitler retouched" por Bundesarchiv, Bild 183-S33882 / CC-BY-SA. Bajo licencia CC BY-SA 3.0 de a través de Wikimedia Commons.

Stalin en 1937

"Stalin en 1937"
Imagen de dominio público.




Entre Hitler y Stalin hubo chispazos de cooperación, solidaridades recíprocas y algunas acciones tácticas comunes, pero al final acabaron enfrentándose.
De no haber sido así, de haber existido verdaderamente un "idilio" entre ellos, no habría existido la II Guerra Mundial, no se hubiera generado una alianza contra natura entre los países liberales y la URSS y jamás hubiera tenido lugar la Guerra Fría. Muy probablemente el mapa de Europa se habría simplificado, incluso el capitalismo hubiera desaparecido o por lo menos, no hubiera alcanzado el nivel de globalización que ahora tiene.

La relación entre Stalin y Hitler tuvo altibajos. Cuando Hitler invadió Polonia contó con la ayuda indirecta de un poderoso aliado secreto: la Unión Soviética, con la que firmó un pacto de no agresión y se dividieron Europa Oriental y Central.
Una semana antes del inicio de la II Guerra Mundial, Hitler mandó a Moscú a su fotógrafo personal, Heinrich Hoffmann, con la misión de retratar los lóbulos de las orejas de Stalin, quería saber si le colgaban libremente como la raza aria, o si por el contrario los tenía unidos a las orejas como los judíos. Stalin pasó el examen con nota.

En un primer momento Josef Stalin impidió dos planes para atentar contra Adolf Hitler, ante el temor de que el sucesor del líder nazi pudiese firmar un tratado de paz con las potencias aliadas (Gran Bretaña y Estados Unidos).

La entente germano-soviética se basó siempre en el oportunismo de ambos países, sin embargo las incompatibilidades no podía disimularse, especialmente la oposición ideológica y la rivalidad de dos grandes potencias.

Por eso no sorprendió que Hitler, seducido por las victorias inmediatas y por su ansia de poder, en el verano de 1941 decidió ocupar la URSS, en la llamada Operación Barbarroja.

A pesar de la guerra de exterminio de los nazis contra la URSS, Stalin movido por su pragmatismo y por unas ideas bastante realistas y sensatas, decidió explorar la vía de acuerdo con Alemania para volver a la composición de fuerzas existentes en 1939. Los rusos querían salir cuanto antes del conflicto para prepararse al inevitable enfrentamiento con las potencias capitalistas. Finalmente todo quedó en nada porque Hitler vio en ello sólo una maniobra táctica por parte de Stalin.

Y así se llegó a la disolución de la extraña relación entre estos dos estadistas: En febrero de 1943, la batalla de Stalingrado acabó con el cerco y la destrucción del 6º ejército alemán y el resto lo hizo el invierno ruso, con temperaturas de hasta -50ºC.

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